Mi abuela
Mi abuela me hablaba
de cómo era la vida
con el mutismo de
sus labios y la mirada perdida,
las palabras de sus
ojos me iluminaban de esperanza
por ver tanto amor
en ellos, quizá también añoranza.
Y enfrascada en el
brillo radiante de su alma;
pensaba, y así
sobreviví, que no todo estaba perdido
que había futuro, en
algún rincón escondido.
Nunca supe que esas
esperanzas eran solo una
que le quedaba
entre tanta maleza después de perder la fortuna,
una simiente que
crecía y crecía con las palabras de sus ojos
que poco a poco iba
arrejuntando los rastrojos.
Antes de que me
diera cuenta de que esa esperanza era yo
de que esa esperanza era mi esperanza, ella se marchó
y sobreviví, porque
tardé en percibir
que todas esas
expectativas estaban puestas en mí.
Luego llegó mi
sobrina después de haber yo comprendido
la conveniencia de
omitir ciertas palabras que decir hubiera querido
y que sin querer me salían por los ojos
porque se inundaban
de esperanza con los suyos.
Supongo que ella
hoy no sabrá qué es la esperanza que me mantiene
entre tanta
decepción; pero espero que vea, como yo vi,
ese bonito futuro
en los ojos de mi abuela, cuando los suyos se posen en mi.
Porque ese será el
motor que la haga vivir
y luchar por
dejarlo todo mejor al salir
aunque ella no se
dé cuenta ahora que eso que yo dejo
es tan solo la
esperanza de su reflejo.
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